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Nuevo concurso de relatos sobre discapacidadconcurso-literario

Dado el gran éxito de el último concurso literario del pasado mes de Mayo en el que recibimos nada menos que 50 relatos -de los cuales tan solo pudimos escoger a seis finalistas-, Discapacitados Sin Fronteras vuelve a convocarlo para principios del año que viene.

El certamen estará abierto para todo el mundo y, como suele ser costumbre, habrá música y picoteo.
También se entregarán 23 libros a los 23 primeros en llegar al concurso.
Así que, concurséis o no, no os lo podéis perder.

Las únicas condiciones para participar son las siguientes:

–        Extensión de entre 20 a 30 líneas

–        Escrito en español

–        Cuerpo y letra Times New Roman o Courier New de tamaño 12

–        La obra se presentará en DIN-A4

–        Un folio anexo incluir los datos personales del autor (Nombre, apellidos, teléfono y correo electrónico)

Los relatos podrán enviarse por correo ordinario o a nuestro email discapacitadossinfronteras@gmail.com.
El jurado todavía no ha decidido de cuanto estará dotado el premio para el ganador y los finalistas.
El acto se cerrará con la lectura de los cuatro cuentos seleccionados por el jurado. Durante los próximos días os iremos informando.

 


 

Algunos de los mejores relatos de nuestra última última edición del concurso literario

 

LA SINFONÍA PERFECTA DEL AMOR

Eres azul, suave, breve, coqueta. Apenas sonries y suspiras levemente mientras circulo con mis dedos tus pomulos pronunciados, tus parpados silenciosos; mientras huelo, con el poco de respiracion que tengo, el suave aroma de tus cabellos hirsutos. Buscas algo de lagrimas o alegria en mis ojos; mis ojos que no te ven pero que te sienten, intentas describir la sinuosidad de tu alborozo, intentas decirme que me amas, pero apenas oigo tus timidos gimoteos.

Yo no veo, tú no hablas; soy blanco, tú negra. Y, a base de amor, de minutos y fatiga hemos inventado el lenguaje del amor nuestro, una sinfonia perfecta que hace que nos complementemos y llenemos uno lo que le falta al otro. Puedo entender claramente cuando me describes la delicada pasividad y ternura del Canal Imperial, puedes captar cuando te pinto en palabras la tenue y leve brisa del Ebro, puedo descifrar la alegria que sientes cada vez que nos internamos en el Parque Grande en los amaneceres frescos y primaverales.

Cuando llegamos a casa subimos como uno solo los ochenta y seis escalones que nos llevan a nuestro atico en la Calle Manifestacion; una vez en nuestro lecho, levantamos las persianas y divisamos, olemos, sentimos, absorbemos y nos nutrirnos de todo lo que nos da nuestra ciudad: el color de su cielo, de su noche, la fiereza de su aire.

Oyes poco, hablo bajito pero ambos sabemos que no tenemos nada que nos diferencie de los demas. No hablas nada, no veo nada, pero ambos tenemos nuestros cinco sentidos perfectamente puestos en nuestro trabajo de cada dia, en nuestros placeres, en las compras de cada dia, en los autobuses, en el tranvia. Ambos tenemos perfectamente puestos nuestros cinco sentidos y algo mas, en el amor que es lo que nos hace pintar la vida de felicidad.

Eloy Macutela Cuba


MIS ESPACIOS

Aquí estoy frente a una escultura de la serie de Unidades – Yunta de Pablo Serrano,

que está inspirada en la comunicación entre las personas y la necesidad que tienes los seres humanos en compartir.

Y envuelta en enorme serenidad y alegría recuerdo la tarde de ayer que pudimos compartir juntos.

Porque necesito compartir contigo, contarte mis espacios, para poder quedarme hueca de todo lo vivido;

para poder llenarme de luz, paz e ilusión y así poder escuchar y aprender de ti.

Quiero vaciarme completamente de la impotencia, la rabia y el dolor,

que me producen los comentarios de gentes ignorantes y ahuecadas de cualquier tipo de compresión hacia cualquier persona.

Quiero comprender que sencillamente son así y que en realidad no va nada conmigo.

Deseo aprender a no enfadarme cuando me arriesgo y me equivoco.

Cometer errores no es malo, aprendemos de ellos.

Lo terrible y doloroso es llevárselos a casa y convivir con ellos.

Porque tarde o temprano te rompes y luego no tienes fuerzas para reconstruirte.

Enfadarme solo me lleva al dolor y la angustia, por no salir a flote.

La vida es sabia y tengo que abandonarme confiadamente a todo lo que ella me depare.

Pero tengo miedo y eso es lo que me confunde y me da inseguridad.

Necesito volver a tener esperanza en mi, esa mujer que es capaz de no ver dificultad en nada, que si no puede subirse la cremallera del pantalón,

se pone un hilo para poder subirla; que no se rinde, que disfruta de la vida con una simple sonrisa.

Porque la felicidad es eso, una sonrisa en el camino.

Hace unos meses me sentía flotar, no encontraba mi sitio.

El miedo, el pasado y el futuro estaban en mi espalda, en mi cadera, en mi garganta, en mi muñeca y en mi brazo.

Voy a intentar no interpretar, acallar mi mente lógica y curiosa; para poder aceptar y recibir todo lo que la vida me depara.

Doy gracias porque me llevas al presente, con tus palabras y tus manos.

El pasado solo me lleva al dolor y el futuro a la ansiedad.

Ahora, en el presente solo quiero respirar, soltar,  y ser capaz de aceptar todo lo que esté por venir.

Y sobre todo, escuchar, aprender y compartir todo lo que tú y personas como tú me puedan enseñar.

Silvia Bardají Escriche


 

LA REINA DEL BAILE

Era la discoteca de moda en la ciudad. Merche, que conocía a uno de los porteros, logró pasar al interior ahorrándose los euros de la entrada.

Ella iba animada, quizá demasiado animada.

Le encantaba el baile y se movía habitualmente con gran desenfreno y mucha sensualidad.

Merche le vio al instante y le pareció un chico guapísimo.

La verdad es que no le dio ninguna importancia al hecho de que el joven fuese en silla de ruedas.

Se acercó a él con la mayor desenvoltura y le habló con su sonrisa más encantadora.

– Me llamo Merche. ¿Tú nombre es…?

– Paco – respondió el joven de la silla de ruedas.

Encantada -. Y ella le dio un par de besos -.

Me vuelve loca la música y el baile.

A veces, y no te molestes, cuando veo a alguien como tú, que no puede bailar, esa noche me lanzo a la pista con mayor energía.

Como si bailara por los dos. Hoy lo haré por ti y por mí. Ya verás; soy la reina de esta discoteca.

Paco le agradeció el detalle. Incluso pensó que debería invitarla a una copa. Pero antes le preguntó:

– Merche, puesto que tú vas a bailar por mí, ¿piensa en algo que yo pueda hacer para corresponderte?

– Hazme reír – le dijo ella -. No sé por qué, pero esta noche tengo muchas ganas de reír como una loca.

Y Merche, sin esperar a lo que pudiera decirle aquel chico guapísimo de la silla de ruedas, se fue hacia el centro de la pista moviéndose con una sensualidad endiablada al ritmo de la música que sonaba en ese momento.

De pronto, ella sintió un golpecito en el hombro, giró la cabeza… y casi se desmaya de la sorpresa.

Bailamos, guapísima –. Era Paco, quien acababa de ceder la silla de ruedas a su verdadero dueño -.

Mi amigo Alfredo ha tenido que ir al lavabo.

Se mueve con cierta dificultad y la silla de rueda la utiliza para ir por la calle.

Al oír esto, Merche soltó una estruendosa carcajada.

 

Armando Tirapo Gracia

 


 

PRIMERA LECCIÓN

A Elena le gustaba su trabajo en la conserjería de una universidad.

Había aprobado la oposición dos años antes.

¡Casi no podía creérselo! Pero sí, era verdad.

Al principio, le costó un poco adaptarse a madrugar tanto y a estar casi ocho horas sin moverse de su puesto,

ya que no era sencillo para ella salir de la facultad.

Tampoco sus compañeros se preocupaban mucho por ella.

Les venía bien que se quedara en conserjería siempre, así ellos tenían más libertad para ir y venir.

Sólo Samuel, un compañero más joven que ella, pero con más experiencia en el trabajo, estaba siempre pendiente de ella.

Y eso era de agradecer, porque Elena necesitaba un poco de ayuda.

No mucha, la justa para poder salvar el escalón que había en la puerta de la facultad.

O abrirle la puerta del baño, que estaba cerrada con llave. Porque Elena no caminaba, usaba silla de ruedas.

Era septiembre y el plazo de las matrículas había comenzado.

Desde fuera, a Elena sólo se veía la cara. Nadie podía sospechar que iba en silla.

Ese caluroso día se asomó por la ventanilla del mostrador una mujer, que iba con su hija, y comenzó a hablar:

Buenas, verá usted, resulta que ayer nos llegó esta carta diciendo que estamos admitidas en Educación Especial.

Elena miraba a la hija, que ponía cara de resignación, como queriendo disculpar a su madre.

La chica era más alta que su madre, pero tímida y callada. La madre seguía hablando:

Y como yo no estoy muy segura de que esta carrera sea buena para mi chica, que es muy sensible y llora por cualquier cosa,

y le dan mucha pena estos niños que van en carritos porque no pueden andar, o los tontitos.

Ya sabe, esta gente que está impedida, pobrecitos desgraciados…

He pensado que si quiere ser maestra, porque le encantan los niños, pues que estudie la carrera de Educación Infantil, por ejemplo.

Pero como se empeñó en estudiar esto de la educación especial porque sus amigas se matricularon en junio,,,”

La mujer no paraba de hablar y la chica miraba al suelo nerviosa. 

Elena, dirigiéndose a la chica, le dijo:

“Yo no puedo solucionar este problema. Es una cuestión tuya, tú eres la que tiene que decidir. Te voy a dar el impreso para que lo rellenes. Se han acabado. Voy a buscar más.

Elena encendió su silla eléctrica, dio media vuelta y se dirigió hacia el cuarto que había en la conserjería, ante la atónita mirada de las dos damas.

Cuando volvió, con un montón de papeles apoyados en su regazo, la chica joven habló antes de que su madre reaccionara:

Quiero estudiar esta carrera porque tengo mucho que aprender. Y la primera lección me la has dado tú.”

 

Cristina Saez Valles

 


 

MENSAJE A UN AMIGO

Siempre a todas horas te describo, a mi manera, como es el mundo.

Aunque te explico poco a poco todas las cosas que veo, pongo mayor ímpetu al explicar los colores.

Como sé que te encanta el chocolate te comparó cada color con un tipo diferente de chocolate.

El rojo es como un chocolate oscuro y fuerte y el azul claro como una tableta de chocolate blanco con sabor elegante y fino.

Me gusta describirte todo lo que se encuentra a nuestro alrededor porque así, de esta manera, me doy cuenta de lo afortunado y maravilloso que es admirar y observar con la mirada todo lo que nos rodea, todo lo que forma este lugar llamado mundo.

Me gusta tu manera de escuchar música prestando mucha atención a cada nota o tu forma de tocar nuevos objetos siendo precavido pero con una pizca de curiosidad.

Aunque lo que más me emociona es ver como saboreas y diferencias los diferentes tipos de chocolates.

Si bien pareces desconfiado, tú, no discriminas a nadie ni juzgas el aspecto, algo que sería bueno que se aplicase a todas las personas.

Muchos piensan que eres raro, especial y hasta te clasifican como discapacitado; yo pienso que eres único, ¡como todas las personas, vamos!

Siempre tengo un especial cuidado contigo, digamos que eres como una de esas muñecas de delicada porcelana que son hermosas pero que son frágiles pero no por ello dejan de tener una función de muñeca, con ellas también se puede jugar o decorar la casa pero de una manera diferente.

¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti? Que siempre estás dispuesto a escucharme, gracias.

SÚPER-ANN

¡Hola! soy Ann y tengo siete años, os voy a hablar de mi hermano porque es un Superhéroe que no sale en los comics.

Para los mayores serios diré que hablo de mi hermano como yo quiero porque solo así se entiende, no le pongo nombres raros, sólo se llama Joel, ni diré que tiene cosas que acaban en –itis,-plasia…

porque tenía mucho más que eso.

Nos encantaba jugar a los Superhéroes: Súper-Jo y Súper- Ann. Cada uno teníamos una capa, él sentía que mi superhéroe era mejor (la verdad es que Súper-Ann ya sabía leer y sumar) pero… y Súper-Jo ¿qué tenía él?

Súper-Jo ya no está con nosotros pero tenía muchísimos poderes que sirven para mucho más que para saber los nombres de las letras o pintar sin salirse de la línea. Algunos los vimos y disfrutamos, otros lo hicieron después de que Joel se hubiese ido, y otros… los que no entienden, no lo harán nunca. El mejor poder de Súper-Jo, era su “yo” pero él no lo supo, nadie se lo dijo.

Todos tenemos poderes que nos hacen diferentes a los demás. No somos nombres que inventan los médicos, ni sillas de ruedas, tampoco somos números.

Somos héroes con poderes diferentes para aguantar el equilibrio del planeta.

Al principio me enfadé mucho con Joel cuando se marchó sin antes decirme adiós. Pero ahora entiendo que los héroes de verdad cuando acaban la misión se marchan sin dejar huella para que los malos no les puedan encontrar.

Yo intenté ser Súper-Jo, quería irme con él, siempre llevaba su capa pero nunca pasaba nada.

Tras mucho tiempo entendí que cada uno es como es y debo seguir buscando mi misión. ¿Joel? Simplemente la encontró antes, mucho antes de lo que a mí y a nadie nos hubiese gustado.

 

Celia Peco benito

 


 

UN BICHO RARO

Me dicen que soy un

tío estupendo, que nadie colabora tanto como yo cuando se cuelgan

los ordenadores o se complican las cosas. Cuando llaman del

extranjero, enseguida me pasan la llamada porque ninguno se atreve a

ir más allá de cuatro palabras en inglés playero.

Les encanta trabajar conmigo. No son malas personas.

En mi cumpleaños vienen todos a felicitarme.

Cada verano, Sonia me envía una postal y al regresar me enseña las fotos.

Javier me invitó a su despedida de soltero y me guardó un puro de la boda.

El supervisor me encomienda tareas delicadas y nunca le he fallado.

La verdad, por algo fui premio especial de mi promoción.

Ya llevo bastante tiempo en el equipo y confían en mí.

Mal está que yo lo diga, pero realmente lo

El mes pasado nos visitó el Director Regional y nos dio la mano a todos aunque cuando

llegó a mi sitio, noté en él cierto repelús.

Ya estoy acostumbrado a esas reacciones.

Bueno, no lo estoy. Por mucho que lo

intente, no termino de aceptarlas.

Hoy he sabido que  van a cambiarme a otra sección.

Aseguran que voy a realizar cometidos más acordes a mi perfil.

Lo bueno de trabajar en un sitio grande es que hay posibilidades de abordar temas diferentes, me ha

recalcado el responsable de Recursos Humanos.

Tal vez eso enriquezca mi historial profesional, pero me ha pillado muy de sorpresa la

noticia de incorporarme dentro de una semana a un área tan distinta.

Me da pena separarme de estos compañeros con los que nunca tuve problemas.

Además, ahora estábamos desarrollando un proyecto en el que me hallaba muy

implicado.

Quizás me preparen una fiesta de despedida, como cuando

se jubiló Fernando.

Tal vez la misma fiesta sirva de bienvenida a quien me sustituya.

Ayer vi por el pasillo a una chica muy sexy que

hablaba por el móvil de un contrato inicial en prácticas y que

después probablemente la harían fija.

Afrontaré la nueva etapa como mejor sepa.

Mi nuevo departamento pertenece a un área donde predominan los ruidos y escasea la luz.

No obstante, no me voy a deprimir.

Haré cuanto pueda para que los colegas de allí no me consideren un bicho raro.

Espero que no haya barreras para mi silla de ruedas.


 

CUM LAUDE

A Rocío no le gustaba madrugar pero su despertador sonaba todos los días a las seis y media de la mañana.

Aquel viernes y más puntual que nunca, el autobús paró frente a una Rocío impaciente.

Avanzó su silla hasta la plataforma y ésta ascendió comenzando así su último viaje hacia la facultad.

Llegó con más de media hora de adelanto, tiempo que le hubiera sabido a gloria si los nervios le hubieran dejado dormir.

Habría ahorrado tiempo yendo en taxi, pero aquel era un gasto extra para una familia demasiado apretada por los pagos.

La segunda de tres hermanos había visto como el pequeño piso en el que vivían se había convertido para ella en una ratonera llena de trampas.

El sueño de sus padres por conseguir una vivienda adaptada suponía un gran esfuerzo personal y económico que a duras penas cubría las necesidades que ella tenía, pero Rocío nunca se quejaba y con una sonrisa siempre decía, “Aquí estaré bien”.

Y lo conseguía, porque Rocío era, sobre todo, una gran luchadora.

Había sorteado muchos obstáculos físicos y mentales hasta llegar a este día, desde la gran escalinata de acceso a la facultad hasta la mirada curiosa de sus compañeros el primer día de clase.

Ahora todos la conocían, podría decirse que era una de las chicas más populares de la facultad por lo que el aula magna estaba a rebosar aquel caluroso día de mayo.

Se notaba nerviosa, le sudaban las manos y por un momento se imaginó con su silla resbalando por la rampa que habían instalado para que ella pudiera subir al estrado.

Cuando entró el tribunal en el aula Rocío sintió que le faltaba el aire, buscó con la mirada a sus padres y hermanos que la miraban llenos de orgullo y el aire volvió a colarse en sus pulmones, pulsó el enter y en la pantalla apareció la primera diapositiva.

Al día siguiente, en la página once del periódico podía leerse:

Rocío Álvarez Galán, graduada en derecho, máster en derecho internacional y derechos humanos, recibió ayer la calificación de Sobresaliente Cum Laude por su tesis “Los derechos de los disminuidos físicos y psíquicos desde la particular lucha diaria de uno de ellos”.

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